miércoles, abril 13, 2011

La incompetencia no es efimera

La incompetencia es un cáncer silencioso, una mancha de aceite que lentamente se extiende y va petrificando todo lo que toca. Cada día avanza 10 metros o 20. La incompetencia de muchos funcionarios públicos es algo que poco a poco hunde esta sociedad en un ecosistema condenado al fracaso y al colapso. Incompetencia de empleados de grandes empresas y grandes cadenas que están apoltronados y aplican como nadie la 'ley del menor esfuerzo'. La modorra de quién es infeliz en su trabajo y extiende su hastío en cada una de sus acciones y de sus palabras. Y me refiero a personas de carne y hueso, con nombres y apellidos, porque la excusa de hablar de 'instituciones' de 'empresas', de 'Ministerios', como entes abstractos no me vale. Los edificios, las sillas, los escritorios no son los que te joden la vida cuando chocas con la incompetencia. Son las personas que habitan esos edificios en sus horarios de oficina, los que se sientan en esas sillas y llenan esos escritorios de papeles. Los que salen al 'cafelito' de las 10 o de las 11 mientras una fila de personas esperan a ser atendidas. Los del: 'vuelva Ud. mañana que ahora el sistema informático no funciona'. Esas personas que esperan la orden, la carta o la comunicación de 'no sé quien' para hacer o dejar hacer tal o cual cosa. Las que se apegan al trámite desconociendo o ignorando las necesidades y realidades del que tienen al frente, de ese ciudadano que no tiene enchufes para hacer que sus pretensiones legitimas se cumplan.

Parte de la crisis que vivimos en estos tiempos esta en la actitud y en el corazón de las personas que no se esfuerzan por hacer lo que tienen que hacer porque que tienen asegurada su permanencia en la poltrona de las grandes empresas/instituciones públicas y privadas.

2 comentarios:

JuliusDesperate dijo...

Efectivamente, todo ha sido y será cuestión de actitud.
De donde no hay no se puede sacar, amigo mío. Pero no desesperes, allí donde nos han hecho tropezar nos terminaremos levantando sin ayuda, y más fuertes. Sólo porque queremos. Porque tenemos actitud.

Un abrazo, tío grande!

Manuel Pozo dijo...

Pues sí, amigo. Yo pensaba que eso sólo pasaba en la empresa en la que trabajo, pero hablando con la gente, estoy comprobando que ocurre lo mismo en otras partes. Y cuando todo se va al garete, los que lo pagamos somos siempre los mismos, los currantes, que somos los únicos que cumplimos con nuestras obligaciones.