sábado, octubre 14, 2006

Flamenco > Niña Pastori

El concierto de aquella noche en la estación de metro de Nuevos Ministerios fue para mí como una sesión privada de fotos, aunque tenía a mis espaldas a unos cuantos miles de personas que cantaban, aplaudían o por instantes permanecían mudos frente al encanto de esta mujer.

Llegada la hora de iniciarse el espectáculo la tensión era máxima: se oscurece el escenario, suena una conocida melodía y nos llega su voz. Empezó a cantar estando aún entre bambalinas. El humo denso y artificioso presagiaba una aparición divina. Poco a poco se fue moldeando su cuerpo ayudado por el juego de luces. Estalló la ovación. Arreció el clic-clac de todas las cámaras fotográficas que me rodeaban. Saludos para todos los asistentes con su acento andaluz y con toda la calidez del sur.

Con las primeras canciones su flamenco empieza a hacer de las suyas: la piel se te pone de gallina, te sobrecoge, te maravilla. Cierra los ojos y con su potente voz canta: "... acariiiiiiiiciame la cara, que me ves llorando, y no sientes nada…" y esa frase, que según la dureza del tono podría ser un grito de dolor, termina metiéndose por tus oídos como una petición de amor de una mujer enamorada y desesperada. Por unos instantes me imagino que me lo dice a mí.

Detrás de la Niña Pastori está su equipo técnico: coros, técnicos de luces y sonido y por su puesto: sus músicos. Grandes músicos. El chico del bajo no para de hacer gestos con la boca. Me temo que en cualquier momento se le puede desencajar la mandíbula.

Me fijo en los detalles que acompañan a la Niña Pastori: sus pendientes, el tatuaje de Micky Mouse en el hombro, sus anillos multicolores, el peinado, su impecable vestido, sus pies pequeños en unos tacones altos y de diseño. Todo cuidado con esmero, sin duda detrás de su imagen también hay un equipo de profesionales.

Desde el fondo de la sala se escucha el grito de una mujer: - ¡¡¡ GUAPA, ESA ES MI NIÑA!!!

Los aplausos superan los decibelios de la música. Se suceden una a una las canciones y el público cada vez se emociona más.

Finalizando el concierto y solo con el acompañamiento del piano, la Niña Pastori cierra sus ojos, aprieta los puños y se concentra, nos canta otro de sus éxitos: "C uando nadie me ve". Al terminar dice que siempre que interpreta esta canción le duele la cabeza. A mí al escucharle no me duele nada: me siento revitalizado por esta nueva experiencia musical y fotográfica.






7 comentarios:

Manuel Pozo dijo...

Bufff, Jota. Impresionante reportaje. Qué bien hecho. Felicidades.

jota dijo...

Gracias Manuel. Un abrazo.

La sombra del esperpento dijo...

Bella la Pastori, gracias al ojo de quien la vio con buenos ojos, o con buenos zoom.
Quería saber si la Niña te miró alguna vez

jota dijo...

mas que mirarme a mi miraba muy de vez en cuando al grupo de fotografos que no le perdiamos movimiento. De todas formas es de agradecer a los organizadores por dejarnos hacer muchas fotos sin pegas.

Anónimo dijo...

Muy buen conjunto de fotos, Jota, como los que ultimamente estas presentando.
Sobre el comentario de los organizadores: a ver si se enteran de una vez de que cuantas mas fotos dejen hacer, mas publi a sus representados...y la publi es dinero :-)
Saludotes desde la Mancha Manchega

Luiso dijo...

Felicidades Jota por el reportaje, algunas son realmente buenas :-) y todas me han gustado. Como ya te han dicho ultimamente la clavas
Un saludo :-)

Shidarta dijo...

sobran los comentarios jota, cuando se hacen las cosas bien y ademas se une el buen gusto, salen trabajos como el que nos has enseñado.
Toda una leccion magistral de como se debe hacer un concierto.
Enhorabuena niño!!
p.d. el anonimo soy yo el Tito Shid, que como estoy con la caraja post-vacacional no me acuerdo de mi contraseña del blog, ejeje.