domingo, julio 16, 2006

Lecciones de "Colombianidad"

"No es RICO quien más tiene, lo es quien menos necesita"

Para los colombianos que vivimos fuera del país, los estereotipos y los prejuicios acompañan nuestro día a día en cualquier sitio donde estemos y donde tengamos que mencionar nuestra procedencia. Hemos heredado de nuestro país una imagen negativa que no es gratuita. Una fama que se ha ganado durante años de guerra, injusticias sociales y sucesos reales que desafían cualquier tipo de ficción. Un país que es capaz de producir gente muy buena pero también gente muy mala. Y dentro de la gente buena no sólo están los cantantes, escritores o deportistas que llegan a cualquier rincón del mundo ensalzados por los medios de comunicación, existen también miles de personas trabajadoras y honestas que dan testimonio anónimo en su cotidianidad. Desafortunadamente son las acciones de una minoría de bandidos quienes al final proyectan su sombra siniestra sobre el resto de personas que compartimos esta nacionalidad. Cansado de esto quiero hoy reivindicar una sencilla experiencia que reafirma mi fe en Colombia.

Durante dos días visité la casa de mi amigo E.Gómez. Una casita de campo a treinta kilómetros de Cali. Mi amigo E.Gómez es poseedor de una condición humana excepcional: excelente buen humor y chispa que te arranca al menos una sonrisa (cuando no una carcajada) cada tres frases; unos conceptos tan claros que resulta casi imposible no estar de acuerdo con él y una inteligencia y sentido común que esta muy por encima de la media. Después de muchos años de ejercicio exitoso de su profesión de contador a llegado a una posición que le permite trabajar cómodamente durante tres días a la semana como asesor de un par de empresas importantes. El resto del tiempo lo pasa con su esposa Miriam, en su casa-finca en compañía de sus tres perros ovejeros, del loro, los patos, las orquídeas y todo lo que la naturaleza les ha regalado generosamente. E.Gómez recorre en su vida diaria un camino que no tiene nada que ver con la acumulación obsesiva de bienes y de cosas que terminan convirtiéndote en su esclavo. Es un camino que va en otra dirección: despojarse de lo superfluo y lo innecesario. Aliviar el peso de la mochila de la vida quitándose de encima las necesidades creadas por la publicidad que nos insufla modelos de vida ajenos a nuestra naturaleza. En este caso “menos es más”.

Es sin duda un estilo de vida envidiable sobre todo porque es el que E.Gómez ha elegido. Y eso es precisamente lo que debería procurarle una sociedad civilizada a todos sus miembros: oportunidades para que la vida sea el producto de una elección personal y no de unas circunstancias impuestas. Y es por ahí por donde se desencadena mi reflexión sobre el sentido de pertenencia a un país o “patriotismo”. Siempre he sentido cierta alergia ante las manifestaciones de patriotismo ‘Per se’. Me siento ciudadano del mundo con derecho a vivir en cualquier lugar del planeta, integrándome en cualquier sociedad como un ciudadano más. Sin embargo en este viaje a Colombia, después de cinco años sin visitarla, pude mas o menos vislumbrar un sentimiento de identidad y conectarme con el significado de:”ser colombiano”, que no es más que el amor a unos valores y principios que se heredan de la tierra y que definen nuestra forma de enfrentarnos al juego de la vida: honestidad, amabilidad, gentileza y cortesía en el trato social, inmensa capacidad de trabajo, compromiso con las causas que nos ocupan, recursividad frente a las dificultades, alegría espontánea y lo mas importante: el amor autentico de la familia y los amigos que te quieren incondicionalmente. Hoy siento que "ser Colombiano" es sobre todas las cosas tener la capacidad para sortear cualquier obstáculo y procurarnos la vida que queremos vivir en cualquier lugar del planeta.